Integral del Peuterey al Mont Blanc. Alpinismo ligero clásico de varias jornadas. Agosto de 2016.

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Motivo del análisis: Rescate en helicóptero por cambio de tiempo repentino.

INTRODUCCIÓN:

MARCO GEOGRÁFICO: Macizo del Mont Blanc enclavado dentro de la cordillera de los Alpes.

CONDICIONES AMBIENTALES:

La actividad se llevó a cabo en la segunda semana del mes de agosto.

Llevábamos realizando un seguimiento de la meteorología y de las actividades realizadas en la zona con un mes de antelación, con el fin de saber las condiciones que encontraríamos en el momento de que apareciera nuestra oportunidad. En los días anteriores consultamos diferentes pronósticos de carácter local, específicos para el macizo en cuestión. Todos daban gran estabilidad atmosférica, sin rastro de perturbaciones para los días posteriores. Durante la actividad no la consultamos por ahorrar batería, los teléfonos iban en modo avión y solo los conectábamos para avisar a las familias por la noche.

Un cambio radical del pronóstico que llevábamos estudiado provocó la entrada de una borrasca que trajo fuertes vientos y mucha cantidad de nieve.

DATOS PERSONALES DE LOS IMPLICADOS: Cordada de dos alpinistas. Muy preparados y con mucha experiencia en este tipo de terreno alpino.

RELATO DE LOS HECHOS POR UNO DE LOS RESCATADORES:

Los hechos empiezan siete años atrás, en un intento previo del que desistimos por mala meteo. En aquella ocasión bajamos por nuestros medios, tras 1.600 metros de rápeles y destrepes.

En 2016 decidimos regresar; los meses previos estuvieron acompañados de mucha motivación, emoción y entrenamientos dirigidos para conseguir la integral.

Así que en agosto de 2016, tras un largo viaje en vehículo, aproximadamente 1300 kilómetros y 16 horas conduciendo de una tirada, y con la previsión de una ventana de más de 5 días de buenas condiciones atmosféricas, nos metimos en la vía. Hay que decir que no descansamos ni aclimatamos, pasamos en menos de 24 horas del coche a la arista, y de la cota cero (a nivel del mar) en la que vivimos, a los más de 3.000 metros en los que se mueve la ruta que pretendíamos. Las ganas, y la posibilidad de no tener otra situación de buen tiempo tan amplia en todas las vacaciones veraniegas, nos hicieron decidirnos a que era el momento sí o sí.

La escalada desde el principio se desarrolló estupendamente, algo más lenta de lo estipulado en las diferentes reseñas que estudiamos, pero sin grandes contratiempos ni atasques. Disfrutamos de tres días maravillosos en los que escalamos miles de metros de roca con total seguridad, apenas hicimos ensambles. Solo destacar que el segundo día no llegamos al punto previsto e hicimos un vivac muy incómodo muy cerca de la cumbre. El tercer día lo dedicamos a recuperar terreno y fuerzas perdidas y nos quedamos en un lugar privilegiado para alcanzar nuestro objetivo en la siguiente jornada.

Durante el tercer vivac empezamos a sentir un cambio de la meteorología. Solo levantarnos el cuarto día, en el que preveíamos alcanzar la cima y realizar gran parte del descenso, amaneció nublado, pero con temperatura relativamente agradable para estar a 4.000 metros. A poco de emprender la marcha comenzó a nevar copiosamente y las nubes se transformaron en densa niebla. El terreno se transformó, de escalar por roca empezamos a escalar nieve y hielo. Simplemente el hecho de orientarnos nos costaba horrores ya que todo era blanco debido a la niebla. A las 14:00 horas alcanzamos un collado en el que habíamos previsto estar a las 9:00. Seguir con la escalada era imposible. Estábamos en la trampa que tan detalladamente describe G. Rébuffat en su libro sobre el Macizo, “salir de él sin pisar su cima es un acto de extrema dificultad”, refiriéndose a la dificultad de los abandonos por la verticalidad y longitud de las rutas hasta que se corona la cima.

En vista de la situación, y esperando que las condiciones atmosféricas mejorasen en unas horas, nos pusimos a salvo de posibles aludes en medio de la gran explanada que forma el Col de Peuterey donde nos cubrimos con nuestras fundas de vivac. La nevada no cesó hasta las 4:00 de la madrugada. La perturbación dejó paso a una noche estrellada en la que el mercurio se desplomó. Tras horas de caer nieve húmeda esa bajada de temperaturas nos dejó literalmente petrificados de frío. A todo esto se le unió el nerviosismo que producía el sonido que se escuchaba al caer aludes de las laderas que nos rodeaban.

Debo decir, que antes de las 21:00 ya habíamos dado parte de nuestra situación al grupo de rescate de Courmayer. A las 5:00 confirmábamos que necesitábamos ser evacuados.

Al amanecer nos recogió un helicóptero italiano y en unos minutos estábamos en la civilización, con grandes tiritonas (hipotermia) pero sin lesiones de gravedad.

Reflexiones sobre el incidente por parte de uno de los rescatadores:

Las ganas de conseguir un objetivo deseado durante años nos dio alas, en vista de una buena previsión, para meternos en la vía sin la aclimatación ni el descanso necesario.

Una vez en la vía el ritmo era aceptable ya que estábamos entrenados y muy compenetrados. El material que llevábamos era el mínimo, suficiente pero limitado a lo necesario en caso de buenas condiciones, y cuando decidimos quedarnos en medio de una tormenta a la intemperie echamos de menos un toldo o similar con el que protegernos, básicamente para no mojarnos y poder derretir nieve, estuvimos 24 horas sin comer ni beber apenas.

Continuar la actividad se nos antojaba muy arriesgado por la nieve caída y la gran inclinación del terreno que nos quedaba a cumbre. Además los síntomas de hipotermia eran claros y había previsión de otra pequeña borrasca para las horas posteriores.

ANALISIS CAUSAL DEL ACCIDENTE POR PARTE DEL COMITÉ:

La integral de Peutery es considerada la arista más larga del Macizo del Mont Blanc, son 4.500 metros de desnivel acumulado con dificultades técnicas del recorrido en torno a MD/ED. Requiere de un tiempo de escalada de dos o tres días. Es de por sí una actividad solo para alpinistas fuertes y experimentados, la cual raramente se hace en menos de dos vivacs, siendo normal realizarla hasta en tres según sus condiciones.

El precursor principal de este cuasi accidente es el exceso de confianza sobre una previsión meteorológica que iba más allá de 72 horas, en un lugar tan extremo como son cotas de más de 4.000 metros de altitud, situadas en un macizo como son los Alpes y en pleno fin de verano alpino. Esta confianza ciega se observa en la afirmación de no haber consultado la previsión meteorológica, aun pudiendo hacerlo con los teléfonos móviles que llevaban. Simplemente gastando un poco de batería y datos, en cualquier punto que tuviera buena cobertura, hubiera podido confirmar la estabilidad esperada para la 24 horas siguientes. La confianza en esa larga ventana de buen tiempo, puede ser peligrosa porque puede condicionar y limitar el material a llevar.

Toda esta confianza en el añorado parte meteorológico, se ve amplificada por esa euforia que supone la posibilidad de conseguir ese gran reto buscado desde hace seis veranos consecutivos. Todo ello influye en nuestra toma de decisiones. Está comprobado que los estados de euforia nos impiden atender y percibir con exactitud, los factores de riesgo cuando son contrarios a nuestros deseos. Esto sucede inconscientemente, y afecta a la planificación, influyendo en nuestras decisiones desde antes de la actividad. Lo más típico es eliminar material de seguridad, o como se suele decir los “por si acasos”.

Analizando el relato de nuestro protagonista es destacable que no alcanzaron el lugar de vivac previsto el segundo día. Probablemente puede achacarse al cansancio debido al largo viaje en coche y a la falta de aclimatación. Toda actividad en altitud necesita una aclimatación previa. Después de 1.600 kilómetros es normal sentir cansancio, y debe hacernos pensar que iremos más lentos de lo esperado; así como prever que no podamos vivaquear en los sitios adecuados, lo que provocará sitios inapropiados de descanso y mala recuperación física (como el afectado explica). Esto simplemente conlleva asumir más riesgos y debemos saberlo.

También se hace patente en el relato la trampa heurística de la escasez o aversión a la pérdida, la pregunta que ronda por nuestra mente en estos casos es “¿cómo vamos a abandonar después de lo que ha costado llegar hasta aquí?” Es decir, después de siete años del abandono y esperando la revancha, coincide que los dos miembros de la cordada tienen la posibilidad de unos días libres en sus trabajos, han entrenado duro para esta actividad en concreto, y por otro lado han hecho más de 1.600 kilómetros. Ello es un incentivo de que hay que ir a por todas. “Tenemos que intentarlo”.

Siempre hay que estar preparado para un posible accidente-incidente, en especial con mal tiempo y a última hora de la tarde, donde el vuelo del helicóptero es imposible. Se puede solucionar con un poco de peso de más en nuestras mochilas, no solamente con un buen teléfono y buena cobertura, aunque obviamente va en detrimento de la ligereza hay que valorarlo en su justa medida. Es cierto que en este tipo de vías la seguridad muchas veces es sinónimo de rapidez.

La borrasca en forma de nieve en el tercer vivac hace cambiar el panorama, y aunque ante situaciones desesperadas hay quien toma decisiones desesperadas, en este caso sale lo mejor de la cordada fuerte y compenetrada que son nuestros protagonistas. La cordada mantiene la calma, y buscando entre la niebla el lugar más apartado de posibles avalanchas, deciden que es el momento de esperar hasta la mejoría del tiempo. Pero la permanencia en un lugar tan expuesto y de gran altitud, a temperaturas extremas, congelan sus esperanzas de acabar debido a los indicios de hipotermia; lo que les lleva a pedir ayuda a los grupos de rescate. Una decisión muy acertada, sobre todo si se preveían nuevas nevadas en altitud. Muchas cordadas no reconocen a tiempo su vulnerabilidad hasta que ya es tarde, y sucumben por no abandonar a tiempo su sueño. Esta cordada supo aprovechar el pequeño respiro que les dio la pausa helada entre borrascas, para tomar la decisión acertada. Pedir el rescate y seguir viviendo para poder volver a intentarlo.

Recomendaciones del Comité de Seguridad

Los veranos continentales, y más en macizos de alta montaña como los Alpes, están sujetas a repentinos cambios de tiempo. Recordar que las previsiones van perdiendo fiabilidad cuando son a más de tres días. Ello no quiere decir que no se puedan dar franjas largas de días soleados y tranquilos, pero debemos cotejar la previsión cada día como precaución.

En lugares tan expuestos es recomendable llevar un toldo o pequeña/ligera tienda de alta montaña para sobrevivir ante cualquier incidencia que nos haga permanecer en la montaña.

La euforia, el optimismo ilusorio, es uno de las situaciones emocionales más peligrosas en la toma de decisiones en la montaña.  Nos hace ver todo conforme a nuestros intereses y ocasiona un sesgo de confirmación, que no nos deja valorar lo negativo de forma equilibrada. Esto afecta tanto a principiantes como experimentados.

La aclimatación es necesaria para actividades con una diferencia de altitud tan grande, en este caso más de cuatro mil metros de desnivel en pocos días, si queremos rendir adecuadamente. Pero además la aclimatación contempla otro factor como es el de adaptación a un cambio tan radical de terreno y temperatura.

Agradecimiento:

Nuestro más sincero agradecimiento a nuestros protagonistas por su exhaustivo, riguroso y completo análisis de los hechos. Igualmente gracias por las recomendaciones sugeridas. Con toda seguridad estas aportaciones evitarán que hechos similares vuelvan a producirse en el futuro.

Pon Atención:

Esto es un análisis de un caso que te puede ayudar a ver defectos en tu toma de decisiones, en ésta y otras actividades de montaña. Nadie está libre de accidentes por muy experto que sea, pero igualmente todos somos libres de tomar decisiones más seguras.

By | 2018-05-25T09:47:03+00:00 mayo 24, 2018|0 Comments

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