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Rescate de una cordada que se queda atascada en un rapel en una escalada en alta montaña

Rescate de una cordada que se queda atascada en un rapel en una escalada en alta montaña

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Motivo del análisis: Al realizar un rapel en alta montaña se quedan enganchadas las cuerdas sin posibilidad de poder recuperarlas.

 

Introducción

Marco geográfico

Como podemos leer en la guía Antonio Diaz Picazo, “Valle de Anso, Guia de Escalada en Roca, de la Editorial desnivel, la peña   Ezcaurre  es un pico de los  Pirineos  occidentales, de 2045 msnm de altitud. Está enclavado entre los valles de Zuriza (alto valle de Ansó) y de  Roncal. Su cima se encuentra en la divisoria entre Aragón (provincia de Huesca) y Navarra.

Es destacable su vertiente Este, con paredes verticales de unos 200 metros de  altura en la parte alta, y que cae abruptamente algo más de 1000 m de desnivel hasta el río  Veral, sobre una distancia horizontal de  poco más de 1200 m. Las otras vertientes presentan una  orografía  más suave, aunque compleja, con diversas cimas y valles secundarios. Hasta la localidad de Isaba, al Oeste, hay unos 1200 m de desnivel, para una distancia horizontal de unos 7 km.

La ruta normal de ascensión parte, a unos 1300 msnm, de las cercanías del collado de Arguibiela, al Noreste, limítrofe asimismo entre Aragón y Navarra, y muy cerca del refugio de Zuriza.

Datos de la actividad

Croquis del itinerario de escalada. Reseña Díaz Picazo “Valle de Ansó, Guía de Escalada en Roca” Desnivel

El pasado 9 de abril de 2.017 decidimos iniciar la temporada de escalada y salidas de alta montaña con una ascensión de Peña Ezcaurre, montaña situada entre los valles del Roncal y de Anso, por la arista NE que tiene 950 metros de desnivel. Es una escalada clásica, de escasa dificultad (AD con numerosos tramos de I y II, pasos aislados de III+ e incluso un paso de IV+) y con un rapel desde uno de sus gendarmes. Se señala en las reseñas como equipada, aunque se recomienda material de autoprotección. Sus mayores dificultades se encuentran en la primera parte, y tras el rapel no existen ya más que pasos de I y II, así como algún III aislado.

Condiciones ambientales el día del accidente (explicado por el siniestrado)

Como estamos todavía a principios de primavera en el final de la arista existen campos de nieve, así como en todo el descenso, cargamos con botas, crampones y piolets; en detrimento, como veremos luego de otro material que echaríamos en falta después.

El día era soleado en una jornada de primavera pirenaica.

Datos del grupo

Cordada de dos, un hombre y una mujer, muy veteranos con experiencia en entornos de alta montaña y en esta clase de terreno.

Relato de los hechos por el líder del grupo

La escalada, preciosa, transcurrió con normalidad, aunque con algún “embarque” porque, superados los iniciales zócalos, vas encontrando diversas líneas de parabolts que, a veces, engañan. Llegamos así al rapel que no tiene más de 25 metros según las reseñas. Llevábamos una cuerda de 60 m.

Durante el ascenso

Lanzo el rapel, y cuando llevo la mitad bajada, en una especie de “balcón”, puedo comprobar que la cuerda ha seguido la línea vertical por una chimenea que no es por donde ha de bajarse; dado que el descenso desde ese balcón se encuentra más a la izquierda (mirando la pared). Creo que el viento la ha llevado hacia allí. Intento recuperarla y no sube. Está enganchada sin que pueda ver cómo, pues más abajo de donde estoy hay un ligero desplome. Decido continuar bajando y asomado al desplome veo que los nudos del extremo se han enganchado en una grieta que hay en uno de los lados de dicho desplome. Intento una y otra vez soltarla sin conseguirlo y entonces cometo la torpeza de continuar el descenso por el desplome, es ahora cuando los nudos se sueltan de donde estaban enganchados a la vez que yo llego al final de la cuerda.

Colgado de la cuerda totalmente en el aire, consigo pendular hasta la pared y sujetarme a un pitón de roca que había en la grieta lateral del desplome donde coloco una cinta y me sujeto con mi cabo de anclaje; al menos ahora no estoy colgando, pues puedo apoyar un pie en la grieta; suelto el descensor y me ato al extremo de las cuerdas de rapel. Afortunadamente tengo buena comunicación verbal con mi compañera que está arriba y le pido que me asegure para intentar salir escalando hacia arriba por la fisura, pero no lo consigo y vuelvo de nuevo al punto de partida. Son unos cuatro metros de desplome pero inescalables para mí, y es cuando me doy cuenta de que sin unos bloqueadores no voy a poder subirlo.

Colgado en el vacío esperando ayuda externa

Es ahora cuando echo en falta el material que me he dejado en casa: habitualmente suelo llevar dos tibloc (microbloqueadores) y unas drizas finas por si hay que hacer algún prusik o machard, pero esta vez, en aras de la ligereza y sencillez de la escalada, se han quedado en casa. No tengo nada con que sustituirlo. Todas las cintas son anchas.

Tenemos que pedir ayuda exterior, saco el teléfono y no tengo cobertura; el de mi compañera está en el coche; nadie sabe dónde estamos porque a nadie hemos comunicado a dónde íbamos hoy.

¡¡ Me cagüen la…, que me tenga que pasar a mí esto!!.  ¡¡ A mí, después de 50 años escalando sin que me hayan tenido que sacar nunca de ningún sitio!!. ¡¡Qué vergüenza!!

Tengo que hacerle llegar a mi compañera el móvil arriba, para lo que me suelto de las cuerdas de manera que pueda ella bloquearlas y disponer yo de una libre, manteniéndome asegurado a la otra y no sólo al pitón de roca al que tengo el cabo de anclaje. Una vez hecho -estoy tan al extremo que, una vez bloqueadas arriba, tengo que unirme a ella añadiendo dos cintas express a mi arnés-, por la otra que ha quedado libre iza la mochila con el teléfono. La mochila se empotra a pocos metros del montaje del rapel y mi compañera tiene que descender unos metros para recogerla y volver a subir, aunque afortunadamente lo hace son seguridad pues la cuerda que llega hasta mí está tan tensa que con el ocho apenas puede bajar para alcanzar la mochila y, de alguna manera, supone un seguro en la subida.

Desde la cima del gendarme o aguja rocosa donde ella se encuentra tiene cobertura y puede llamar al 112, son las 15:00 horas. La ponen en contacto con el GREIM a quién explica la situación y le dicen que acudirán a la mayor brevedad. Tiempo después, el sol que hasta ahora me había estado dando, se oculta tras una arista y siento frio, mi compañera me descuelga la mochila donde tengo con que abrigarme.

Ascendiendo ayudado por el GREIM

A cada avión que oigo pregunto si es el helicóptero y en menos de dos horas me dice “ya lo veo”; lo cual es un alivio, porque aunque estoy tranquilo y seguro, se me hace duro el estar cambiando de pie cada cinco minutos.

Oigo que el helicóptero se va y a continuación los guardias que me preguntan qué tal estoy, me dicen que mantenga la calma y que esté atento al lanzamiento de una cuerda. Ésta vuela por donde había ascendido anteriormente la mochila. Al instante se asoma uno de los guardias sobre el desplome y le digo que con dos bloqueadores podría subir por la cuerda que han lanzado (una estática). Me hace llegar un puño Jumar con pedaleta y un grigri que me instalo y, además otra de sus cuerdas para asegurarme y ayudarme tirando. Consigo, con su inestimable ayuda –no solo por el material que me han hecho llegar sino por sus tirones desde arriba pues la posición mantenida durante dos horas me tenía también ya un tanto cansado- superar el desplome y una vez superado alcanzar  la cima del gendarme con facilidad.

A mi compañera se la había llevado el helicóptero que estaba esperando junto al camping de Zuriza; se oye algún trueno y se ve que viene lluvia por Isaba aunque aquí sigue haciendo sol; mientras llega el helicóptero recogemos cuerdas y material, y, con un patín apoyado en la misma cumbre nos introducimos en él y en minutos acabó el suceso. Serían como las 17:30 horas

GRACIAS A ESOS ÁNGELES DE LA GUARDA DEL GREIM QUE CUBREN NUESTRAS CARENCIAS.

Reflexiones del líder del grupo

1.- El exceso de confianza no es buen aliado, por mucha experiencia que tengas.

2.- Deja dicho siempre a alguien a dónde vas y cuando planeas volver; al menos sabrán por donde buscarte.

3.- Es fundamental que ambos miembros de la cordada lleven móvil y las baterías cargadas; que no te encuentres uno con móvil y sin cobertura y el otro con cobertura y sin móvil.

4.- En Alta Montaña no desprecies los imprevistos; por muy fácil que sea la escalada no estás en una escuela, lleva siempre material que te permita salir de aquellos.

5.- Lleva siempre a mano una navaja (yo la llevaba) pero además úsala. Es preferible tirar un trozo de cuerda (aunque luego tengas que fraccionar rápeles) que meterte en un callejón sin salida por no cortarla.

6.- Ten siempre horas de luz por delante y no dudes en pedir ayuda sin demora en cuanto lo necesites (creo que esto es lo único que hicimos bien aquel día).

Análisis causal del accidente realizado por el Comité

Aunque algunos no sean conscientes de ellos, el montaje de rapeles durante nuestras actividades de montaña, y sobre todo en terreno de aventura como una cresta o una gran pared, son las causas directas de muchos incidentes y accidentes. En especial el enganche de cuerdas es un hecho recurrente. Parece que todo está terminado, pero no, faltan los rapeles,… al loro.

Una de las frases que más te pueden ayudar para planificar tus actividades de montaña, y que encaja con la historia que humildemente nuestro protagonista nos expone para que aprendamos de sus errores, es: “la torpeza humana es infinita, por lo tanto prepárate para minimizar las consecuencias”.  Y es que verdaderamente una gran parte de accidentes se deben a causas que podríamos definir como sin aparente importancia u obvias; y cuya solución hubiera sido fácilmente predecible y se podría haber solucionado con los conocimientos y destrezas propias del sujeto, si hubiera contado con algún material de autosocorro. Es como la historia de aquel conductor, que cuando va a cambiar su rueda pinchada, se encuentra con que la de repuesto está deshinchada y carece de bomba de inflado.

Un análisis rápido de causas en este suceso concluiría que el problema se debió a que el escalador olvidó su material de autorescate, unos pocos gramos más de peso, quizás menos de 120 gramos, como son un par de microbloqueadores y unos cordinos de abandono en la mochila. Pero en este relato, un análisis en profundidad nos hace ver más errores que nos ayudarán a mejorar en nuestra toma de decisiones en montaña.

Nuestro protagonista durante el relato demuestra gran familiaridad con el entorno y buen conocimiento del itinerario, y se percibe la idea preconcebida de que sus habilidades están muy por encima del grado o dificultad de la vía. La repetición de este mismo itinerario sin incidentes o accidentes durante su vida montañera, “irremediablemente” ha provocado que se haya relajado en su planificación; en este caso en la elección del material en “aras de la ligereza”. Esto le conduce a una baja percepción del riesgo, que le lleva a infravalorar o no tener presente las probabilidades de situaciones como la que nos ocupa. Una mala percepción del riesgo normalmente implica una errónea evaluación de riesgos. Y la sobrevaloración de las habilidades del escalador sobre la vía de escalada determina un exceso de confianza.

Verdaderamente nuestro protagonista sabe, desde el momento que ha superado el desplome y queda suspendido en volado, que ha cometido un fallo importante, y por lo tanto es consciente de las consecuencias de su error. En este caso no se puede considerar como un precursor del incidente la ignorancia del sujeto (ignorancia inconsciente), sino más bien su gran competencia le ha llevado a ser víctima de varias trampas mentales.

Se puede decir que durante una escalada por aristas, entornos laberínticos en muchos casos, realizar un rapel en la dirección incorrecta es un hecho bastante probable, y por lo tanto un riesgo a asumir. Por ello se debe disponer de un sistema de freno asistido sobre el descensor, aunque sea un medio de fortuna. Esto nos lleva a minimizar las consecuencias.

En terreno desconocido o de carácter irregular la maniobra de preparación del rapel ha de ser muy meticulosa, especialmente en situaciones de viento. Repisas, rocas, ramas y árboles son anclajes naturales que “atraen” de forma casi magnética las cuerdas. Las cuerdas hay que desplegarlas poco a poco y llevarlas en bucles que vamos soltando según se desciende. Por supuesto, se debe descender SIEMPRE autoasegurado y de realizarse un nudo al final de las mismas.

Pero ¿por qué una persona experta, aun sabiendo todo esto y en una situación tan clara como la descrita, como es la de un rapel desplomado que no llega al suelo, no toma medidas? Desde fuera y a toro pasado todo parece obvio, pero hay que ser conscientes de que nuestra mente nos juega malas pasadas. Una acción relevante e importante, no prevista, reduce nuestro ámbito de análisis. De momento solo importa bajar a desenganchar las cuerdas sin prever lo que puede pasar. Sin analizar cómo podría solventar las consecuencias de meterse en medio de un desplome y sin material que me facilite un retorno posible. A esto se le llama visión en túnel. Centramos nuestros actos en un objetivo específico, y esto nos impide prever otras situaciones. En este caso el objetivo prioritario es desenganchar la cuerda, pero el precio pagado es muy alto.  Afortunadamente, en este caso un pitón de otro itinerario en el lugar correcto, unido a la habilidad del escalador, consiguió detener esa posible cadena de errores que en ocasiones conduce al accidente. Además supo tranquilizarse y pensar en los siguientes pasos a tomar. Nuestro actor aquí supo gestionar la situación adversa, mantuvo la calma, se tomó su tiempo para pensar, y tomó las decisiones correctas aun en un escenario que no era el mejor para mantener la tranquilidad.

Recuerda llevar lo necesario para solventar las situaciones adversas y disponer de conocimientos para utilizarlos adecuadamente. Todo esto suma en la cadena de seguridad, pero recuerda que mantener la calma y pensar antes de actuar es imprescindible. En este caso esto fue crucial para salvarle la vida a nuestro protagonista.

Los teléfonos móviles son prácticamente el principal medio de petición de ayuda externa. Conocer dónde tenemos cobertura a lo largo de nuestro itinerario es crucial, si queremos saber hacia dónde desplazarnos cuando necesitemos usarlos. Pero aquí aparecen otros factores a tener en cuenta como son las circunstancias orográficas inmediatas que nos envuelven (un muro rocoso, un recoveco o una gran chimenea) que impiden la comunicación telefónica, aunque a pocos metros sin obstáculos y en cualquier dirección la tengamos. Es recomendable que todos los miembros del equipo, y en el caso de una cordada de dos es imprescindible, que ambos lleven sistemas de comunicación; así como tener conocimientos de cómo pedir ayuda y a quién.  Aquí se solventó, pero pensemos en consecuencias más adversas, tales como que la persona que quedó colgada estuviera inconsciente, sin posibilidad de utilizar parte de la cuerda para mandarle la mochila a su compañera, o simplemente que por condiciones ambientales la comunicación entre los miembros de la cordada fuera imposible. Una cordada de dos es un binomio de toma de decisiones, las cuales afectan a cada uno de sus miembros.

Y para terminar, siempre deberíamos informar dónde y con quién vamos a una persona de confianza y a ser posible con experiencia. No siempre vamos a tener a alguien e las proximidades a quien pedir ayuda. Debemos concienciarnos que una situación como la descrita nos puede suceder a cualquiera de nosotros.  No hace falta estar en una cresta para tener algún problema imprevisto y tener que pedir ayuda. Durante la práctica del senderismo podría darse una situación similar. Pensar que cuando nos echen de menos, el saber por dónde empezar a buscarnos puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.

Recomendaciones del Comité de Seguridad

En las actividades de escalada de varios largos, sea cual sea su entorno, deben preverse material auxiliar de autosocorro.

Es recomendable siempre que vayamos a hacer actividades de escalada de varios largos en terreno de aventura, por muy equipadas que estén, transportar un kit que podemos llamar de emergencia consistente en un par de bloqueadores (mecánicos o cordinos), navaja, cintas de sobra…

Hay que prever el terreno por donde van a caer las cuerdas, y ante la mínima duda no lanzarlas (menos aun si hay viento). Recordar rapelar siempre autoasegurados y con un nudo al final de las cuerdas.

Debemos formarnos en técnicas de autorrescate que nos permitan salir de apuros, o permanecer vivos hasta que llegue la ayuda externa.

Todos los miembros del equipo deben llevar sistemas de comunicación, así como tener conocimientos de cómo pedir ayuda y a quién.

Se debe dejar dicho a alguien de confianza dónde vamos y con quién. Esto es una máxima que debe guiar nuestras actividades de montaña.

Pon Atención. Hay que ser conscientes de aquellos factores que pueden desviar nuestra atención. En este caso una tarea que requiere de toda nuestra atención, en una zona o acción muy concreta, puede hacernos perder la perspectiva global metiéndonos más aún en las fauces del lobo.

Agradecimiento

Nuestro más sincero agradecimiento a nuestros protagonistas por su exhaustivo, riguroso y completo análisis de los hechos. Igualmente gracias por las recomendaciones sugeridas.

Con toda seguridad estas aportaciones evitarán que hechos similares vuelvan a producirse en el futuro.

 Pon Atención: Esto es un análisis de un caso que te puede ayudar a ver defectos en tu toma de decisiones, en ésta y otras actividades de montaña. Nadie está libre de accidentes por muy experto que sea, pero igualmente todos somos libres de tomar decisiones más seguras.

By | 2018-01-14T13:53:51+00:00 enero 14, 2018|0 Comments